La IA está disparando la producción de químicos eternos en todo el mundo
Los PFAS —los llamados químicos eternos— están volviendo a crecer como industria, y el motor es la inteligencia artificial. Una encuesta de ChemSec, un organismo sueco de vigilancia química, a los diez mayores fabricantes del mundo encontró que casi todos están ampliando capacidad, y varios lo justifican citando expresamente los centros de datos y el hardware de IA.
Quién está ampliando producción de PFAS
Daikin, en Japón, está lanzando lo que llama un hub de centros de datos y ampliando la venta de productos fluorados. Arkema, en Francia, construye una planta de 60 millones de dólares en Kentucky para refrigerantes. Chemours, en Estados Unidos, dice abiertamente que se expande para atender la demanda de centros de datos avanzados y hardware de IA.
La lista sigue: AGC, Dongyue, Gujarat Fluorochemicals, HaloPolymer, Orbia Fluor & Energy Materials, Solstice y Syensqo también aumentan producción.
Hay dos excepciones que vale nombrar. Archroma está cambiando a alternativas libres de PFAS, y BASF planea salir de este negocio en 2028.
Para qué sirven los PFAS en un centro de datos
Hay tres usos, y son más centrales de lo que parece.
El primero es la refrigeración. Los sistemas de inmersión de dos fases sumergen los servidores directamente en un fluido que hierve a baja temperatura, y ese fluido es PFAS. A medida que los chips de IA consumen más vatios por rack, el aire deja de alcanzar y este tipo de enfriamiento gana terreno.
El segundo es la fabricación de chips. Los PFAS intervienen en hasta un millar de pasos distintos del proceso a escala nanométrica.
El tercero son los recubrimientos de baterías de litio, que van en autos eléctricos, portátiles y teléfonos.
Es decir: no es un aditivo prescindible. Está en el enfriamiento, en la fabricación y en el almacenamiento de energía.
Por qué importa que sean eternos
Se llaman eternos porque prácticamente no se degradan. Están ya en la sangre de casi toda la población mundial, y la investigación los vincula con cáncer, enfermedad hepática, problemas renales, colesterol alto y defectos congénitos. Hay científicos que sostienen que su acumulación ambiental ya cruzó un límite planetario.
El punto que hace ChemSec es de calendario, no de química: varios gobiernos vienen discutiendo restricciones parciales, y esta ola de nueva producción amenaza con dejarlas irrelevantes antes de que entren en vigor. Se restringe un uso mientras se multiplica la capacidad total.
Qué significa para América Latina
La región está firmando centros de datos justo ahora. Varios países han anunciado proyectos grandes en los últimos meses. La pregunta que casi nadie hace en esas negociaciones es qué sistema de refrigeración usarán y qué pasa con ese fluido al final de su vida útil. Conviene que aparezca en los contratos antes, no después.
La huella ambiental de la IA no es solo energía y agua. El debate regional se ha centrado en consumo eléctrico y uso de agua, que son medibles y visibles. Los PFAS son el tercer costo, más difícil de ver y mucho más difícil de revertir: el agua vuelve al ciclo, estos compuestos no.
Y hay un asunto de capacidad regulatoria. Europa y Estados Unidos tienen normas y laboratorios para medir estos compuestos. La mayoría de países latinoamericanos no tienen ni el marco ni la capacidad analítica. Recibir la infraestructura sin poder medir lo que trae es el peor de los dos mundos.
El punto de fondo
Cada avance de la IA tiene una contraparte física que rara vez aparece en el anuncio. Los modelos se presentan en un blog; el fluido refrigerante que hace posible ejecutarlos se fabrica en Kentucky y dura milenios en el ambiente.
No es un argumento contra los centros de datos. Es un argumento a favor de que el costo completo esté sobre la mesa cuando se negocian, porque el que no se cuenta también se paga.
Fuente primaria:
ChemSec
Reportado por: The Guardian
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