El Pentágono deja de usar Claude, de Anthropic
El Pentágono dejó de usar los productos de Anthropic. Un funcionario del Departamento de Defensa lo confirmó a la BBC el 5 de octubre, ocho meses después de que el secretario Pete Hegseth designara a la empresa como «riesgo de cadena de suministro». El origen del choque: Anthropic se negó a retirar las salvaguardas de Claude para uso militar sin restricciones.
Cómo se llegó hasta aquí
La secuencia está documentada. El 27 de febrero de 2026 Hegseth firmó la designación y ordenó desmontar los sistemas para finales de agosto. El cierre efectivo llegó cinco semanas después de ese plazo.
En el Pentágono, Claude estaba integrado en el Maven Smart System, la plataforma principal de datos de inteligencia del Departamento de Defensa, operada por Palantir y usada, entre otras cosas, en operaciones contra Irán.
El punto de quiebre fue concreto. Anthropic se negó a levantar los límites de su política de uso —los que prohíben vigilancia masiva y armas autónomas— para dar acceso militar sin condiciones. La empresa calificó la designación de «sin precedentes e ilegal» y demandó a la administración para revertirla.
El valor del contrato con el Pentágono no es público. Y conviene marcar el límite: lo confirmado es que el uso cesó; que Claude siguiera corriendo en algunos sistemas hasta hace poco es reporte no confirmado.
Lo que el caso del Pentágono demuestra
Durante años, las políticas de uso de los proveedores de inteligencia artificial se leyeron como relleno legal. Este episodio las convierte en otra cosa: una restricción operativa con consecuencias reales para el cliente más grande imaginable.
Por otro lado, muestra dónde está hoy el límite. No lo puso una ley, ni un regulador, ni un tratado. Lo puso una empresa privada decidiendo qué no vende, y asumiendo el costo de esa decisión.
Qué significa para América Latina
La política de uso del proveedor es riesgo operativo, no letra pequeña. Si un cliente del tamaño del Departamento de Defensa se quedó sin la herramienta porque el proveedor no cedió, cualquier empresa colombiana debería leer esa cláusula antes de montar un proceso crítico encima. La pregunta útil para el área legal es simple: ¿qué usos de los nuestros podrían chocar con esta política en dos años?
Por eso la portabilidad se negocia antes, no después. Pedir cláusulas de salida, exportación de datos y plazos de aviso, y mantener en la arquitectura una capa que permita cambiar de modelo sin reescribir el producto. No es paranoia: es el mismo consejo que sale de la concentración de clientes que mostró el prospecto de Anthropic hace una semana.
Y es insumo para el debate colombiano. Mientras se discute el Proyecto de Ley 025 de 2026, este caso muestra qué pasa cuando el límite al uso militar y de vigilancia depende de la voluntad de una empresa extranjera: funciona hasta que esa empresa cambie de dueño, de política o de país.
Las dos lecturas del caso del Pentágono
Una es que el sistema funcionó: una empresa sostuvo sus límites frente a una presión enorme y pagó el precio. Eso merece reconocerse, venga de quien venga.
La otra es menos cómoda. Que el límite sea una decisión comercial significa que también es reversible por decisión comercial. Otro proveedor puede aceptar las condiciones que Anthropic rechazó, y nada en el marco legal lo impide.
Para quien compra tecnología en la región, la conclusión no es sobre geopolítica. Es que las condiciones bajo las que usted usa una herramienta las fija alguien más, en otro país, por razones que no son las suyas. Eso se mitiga con contratos y con arquitectura, no con confianza.
Sitio oficial:
Anthropic
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Nota de transparencia: el Pentágono confirmó el cese de uso mediante declaración a la BBC; no hay comunicado escrito público y el valor del contrato no se conoce.
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