Google asegura que una consulta en Gemini consume solo cinco gotas de agua, pero expertos cuestionan la cifra
Google ha sorprendido al mundo tecnológico al afirmar que cada consulta realizada en Gemini, su modelo de inteligencia artificial, consume únicamente el equivalente a cinco gotas de agua. Esta declaración llega en un momento en que la huella ambiental de la IA es objeto de creciente escrutinio, pues los centros de datos demandan cantidades colosales de electricidad y recursos hídricos para funcionar y mantenerse refrigerados.
La comparación, aparentemente simple y llamativa, busca dar un mensaje de tranquilidad a los usuarios y a la opinión pública: la IA de Google sería mucho más eficiente en consumo hídrico de lo que muchos creen. Sin embargo, la pregunta inevitable surge: ¿podemos confiar en esa cifra o se trata de un cálculo estratégico para suavizar las críticas?
El contexto: IA y el problema del agua
Los sistemas de inteligencia artificial de gran escala, como Gemini, ChatGPT o Claude, requieren servidores especializados que trabajan a máxima potencia, generando un calor inmenso que debe ser controlado mediante sofisticados sistemas de refrigeración. Una parte de ese enfriamiento se logra con electricidad, pero otra depende directamente del uso de agua, especialmente en plantas de Google ubicadas en Estados Unidos y otros países.
Un estudio de la Universidad de California en Riverside estimó en 2023 que entrenar un solo modelo de IA de gran escala puede consumir tanta agua como la que 3 millones de personas utilizan en un día. Esta cifra encendió las alarmas en comunidades cercanas a los centros de datos, que temen el impacto sobre sus reservas locales.
De hecho, Google reconoció en su Informe de Sostenibilidad 2022 que su consumo total de agua alcanzó los 5.6 mil millones de galones en un año, gran parte destinado a enfriar sus instalaciones.

El cálculo de las “cinco gotas”
Cuando Google habla de cinco gotas de agua, no se refiere al entrenamiento completo de Gemini, sino a cada interacción puntual con el modelo, es decir, cada vez que un usuario hace una pregunta y recibe una respuesta.
Según la compañía, se utilizó un promedio considerando:
- El número de consultas procesadas.
- El agua utilizada en sistemas de enfriamiento en sus data centers.
- Una equivalencia simbólica para hacer comprensible la medida al público general.
El resultado: unas 0,02 mililitros de agua por consulta, lo que equivale aproximadamente a cinco gotas.
Críticas y dudas sobre la metodología
Expertos en sostenibilidad tecnológica, como la investigadora Shaolei Ren, han señalado que estas cifras, aunque técnicamente correctas, pueden ser engañosas. El problema radica en que Google no especifica qué tan representativa es esa media ni si considera escenarios de mayor demanda energética.
“Decir que una consulta equivale a cinco gotas de agua puede sonar tranquilizador, pero ignora la escala real: millones de consultas simultáneas multiplicadas cada día terminan generando un consumo enorme”, comentó Ren en un foro académico.
Además, ambientalistas han señalado que las métricas de Google no consideran factores como la procedencia del agua: ¿se trata de agua potable, reciclada o de fuentes industriales? Este detalle es crucial, pues en regiones donde el acceso al agua es limitado, incluso pequeñas cantidades pueden tener un gran impacto social.
Comparación con otros actores del sector
Google no es la única empresa bajo presión por el consumo de agua de la IA. Microsoft, en su alianza con OpenAI, reconoció que sus centros de datos en Iowa y Arizona demandan millones de litros de agua al año para mantener operativos sus sistemas.
En 2023, Meta también informó que su infraestructura de IA elevó en un 13% su consumo hídrico global. La creciente competencia por entrenar y desplegar modelos cada vez más grandes amenaza con convertir el agua en un recurso crítico para la industria tecnológica.
¿Un intento de mejorar la imagen pública?
Para algunos analistas, la declaración de Google responde más a una estrategia de relaciones públicas que a un esfuerzo real de transparencia. La cifra de las “cinco gotas” funciona como un símbolo fácil de recordar y compartir, lo cual suaviza el debate y reduce la percepción de impacto negativo.
Sin embargo, organizaciones ambientales insisten en que lo necesario son compromisos claros y verificables, como el uso exclusivo de agua reciclada, mejoras en eficiencia energética o el traslado de data centers a regiones con mayor disponibilidad hídrica.
El futuro de la IA sostenible
El dilema es evidente: mientras más crece la adopción de herramientas como Gemini, más presión se ejerce sobre los recursos naturales. La promesa de que cada consulta solo “gasta cinco gotas” puede ser cierta en términos técnicos, pero corre el riesgo de ocultar la magnitud del desafío global.
La verdadera discusión no debería centrarse únicamente en el cálculo por interacción, sino en cómo las grandes tecnológicas piensan escalar sus operaciones sin comprometer el acceso al agua de millones de personas.
Por ahora, la pregunta sigue abierta: ¿es Gemini un ejemplo de eficiencia o simplemente otra narrativa cuidadosamente diseñada para tranquilizar al público?
