Microduck: el robot de US$399 con el que Hugging Face quiere abrir la robótica a cualquiera
Mientras la industria discute humanoides de cientos de miles de dólares, Hugging Face puso a la venta un pato. El Microduck mide 25 centímetros, cuesta US$399, camina, agarra cosas con el pico, se levanta solo cuando se cae y patina sobre ruedas. Y lo más importante para quien quiera aprender: todo su cerebro es abierto y está en GitHub.
Qué trae el Microduck por US$399
El hardware no es de juguete. Lleva una cámara para percepción visual, sensores lidar y dos unidades de medición inercial que detectan movimiento y orientación. Con eso hace lo que hace: caminar como pato, agacharse, sujetar objetos con el pico y recuperarse de una caída.
Detrás está Pollen Robotics, la empresa francesa que Hugging Face compró en abril de 2025 justamente para fabricar hardware abierto y barato. El catálogo se completa con el Reachy Mini (US$499) y el Reachy Mini Lite (US$399). Las preórdenes del Microduck están abiertas y los envíos están programados para antes de Navidad.
Lo que de verdad se está vendiendo
El robot es lo de menos. Lo que Hugging Face publica es el stack completo: el SDK, el entorno de simulación y toda la pila de aprendizaje por refuerzo, disponibles en GitHub. Los comportamientos se entrenan en simulación y se despliegan directo al robot, y cualquiera puede afinarlos, reentrenarlos y volver a desplegarlos.
Clem Delangue, CEO de la compañía, lo describe como un robot que puede enseñarse nuevos trucos mediante aprendizaje por refuerzo. Esa frase es la tesis del producto: no compras un aparato terminado, compras una plataforma para experimentar.
Por qué esto importa más de lo que parece
La robótica lleva años atrapada en una barrera de entrada absurda. Para aprender a entrenar políticas de control necesitabas o un laboratorio universitario con presupuesto o un simulador sin cuerpo real donde probarlas. El salto de la simulación al mundo físico —el famoso sim-to-real— es donde se rompen la mitad de los proyectos, y no se puede practicar sin hardware.
Un dispositivo de US$399 con lidar, cámara, IMUs y el stack de entrenamiento abierto convierte ese salto en algo que un estudiante puede intentar en su casa. Es exactamente lo que hizo la Raspberry Pi por los sistemas embebidos.
Qué significa el Microduck para América Latina
Aquí la cifra manda. US$399 son unos 1,6 millones de pesos colombianos, más impuestos y envío: no es barato para un estudiante, pero sí está en el rango de lo que un semillero universitario, un colegio técnico o un makerspace pueden comprar. Compáralo con el equipo de robótica que suelen tener esos espacios en la región, donde un brazo educativo decente cuesta varias veces eso y viene cerrado, sin acceso al software que lo controla.
La ventaja real no es el precio: es que el stack sea abierto. Un laboratorio latinoamericano que compra hardware cerrado puede enseñar a operarlo; uno que compra el Microduck puede enseñar a entrenarlo, que es la habilidad que el mercado paga. Y como los comportamientos se entrenan en simulación, un curso entero puede trabajar con un solo robot físico: veinte estudiantes entrenan en su portátil y por turnos despliegan en el aparato.
Hay una oportunidad menos obvia para la región. La robótica latinoamericana tiene problemas propios que nadie más está resolviendo: agricultura de ladera, inspección en infraestructura envejecida, logística en ciudades caóticas. Esos casos no van a llegar resueltos desde California. Y por primera vez el costo de empezar a experimentar con ellos no exige una beca en el exterior.
La contra honesta: importar hardware a la región sigue siendo lento y caro, la garantía es un problema y las piezas de repuesto llegan cuando llegan. Antes de que un colegio compre veinte, conviene que compre uno.
El panorama
2026 lleva US$23.000 millones levantados por startups de robótica, casi todo dirigido a humanoides industriales carísimos. El Microduck apunta al otro extremo: no a resolver una tarea, sino a formar a la gente que va a resolverlas.
Si funciona, en tres años la diferencia no la va a marcar quién tenía el robot más caro, sino cuánta gente aprendió a entrenar uno. Y ahí una región con talento joven y poco presupuesto tiene más que ganar que nadie.
Sitios oficiales:
Hugging Face ·
Repositorios abiertos de Hugging Face ·
Pollen Robotics
Reportado por: TechCrunch — The Next Web — Interesting Engineering
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