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Trabajador, por creer en un video hecho con IA, hizo perder a su empresa 25 millones de dólares

Trabajador, por creer en un video hecho con IA, hizo perder a su empresa 25 millones de dólares
  • Publicadoseptiembre 4, 2025

Londres / Global, abril 2025 —

Un caso reciente ha encendido las alarmas en el mundo corporativo: un trabajador de la empresa de ingeniería Arup transfirió 25 millones de dólares a cuentas falsas después de haber sido engañado por un video deepfake en el que aparecían supuestos altos ejecutivos de la compañía.

El incidente ha dejado en evidencia hasta qué punto las herramientas de inteligencia artificial pueden convertirse en armas peligrosas en manos de delincuentes que buscan aprovechar la confianza visual y auditiva de las personas.


Cómo ocurrió el fraude

  1. El primer contacto: el empleado recibió un correo y posteriormente una llamada que parecía provenir del director financiero de la empresa. En este mensaje le solicitaban participar en una “operación confidencial” que requería transferencias de dinero a diversas cuentas en el extranjero.
  2. La videollamada convincente: para reforzar la petición, el trabajador fue invitado a una videollamada con varios “ejecutivos” de Arup. Lo que no sabía es que todos eran deepfakes: imágenes y voces generadas por inteligencia artificial que imitaban a la perfección a los verdaderos directivos.
  3. La ejecución del fraude: creyendo que estaba cumpliendo órdenes legítimas, el empleado realizó 15 transferencias bancarias a cinco cuentas diferentes en Hong Kong. La suma total ascendió a 25 millones de dólares.
  4. El descubrimiento: el engaño solo salió a la luz cuando el trabajador intentó confirmar detalles con la sede central y descubrió que los supuestos directivos nunca habían participado en dicha reunión ni autorizado las transferencias.

Qué son los deepfakes y por qué son tan peligrosos

Los deepfakes son contenidos audiovisuales creados con inteligencia artificial que imitan la apariencia y la voz de una persona real. Estas tecnologías, aunque tienen aplicaciones legítimas en cine, publicidad y entretenimiento, también están siendo utilizadas para fraudes cada vez más sofisticados.

Su peligro radica en que:

  • Replican gestos, entonaciones y microexpresiones de manera casi perfecta.
  • Engañan incluso a personas familiarizadas con los rostros o voces imitadas.
  • Son capaces de generar confianza inmediata en entornos corporativos, donde la comunicación a distancia es frecuente.

Impacto y repercusiones

El caso de Arup no es aislado. Expertos en ciberseguridad advierten que este tipo de fraudes se multiplicará en los próximos años. Solo en 2025, se estima que los ataques mediante deepfakes ya han causado pérdidas de cientos de millones de dólares en distintas industrias.

Además, estudios recientes muestran que al menos una cuarta parte de los ejecutivos en grandes compañías han sido blanco de intentos de estafa que utilizan IA generativa para suplantar identidades.

Las consecuencias no son únicamente financieras: también se pone en riesgo la reputación de las empresas, la confianza entre equipos de trabajo y la seguridad de la información corporativa.


Cómo prevenir estos fraudes

Las organizaciones pueden reducir la vulnerabilidad frente a este tipo de ataques mediante:

  1. Capacitación constante: enseñar a los empleados a detectar señales de manipulación, como movimientos extraños en los labios o ligeros retrasos en la sincronización de voz e imagen.
  2. Verificación por múltiples canales: nunca aprobar transacciones sensibles únicamente por videollamada o correo; confirmar con llamadas directas o reuniones presenciales.
  3. Tecnología de detección: implementar software especializado que analiza vídeos y audios en busca de señales de alteración.
  4. Protocolos de seguridad internos: establecer reglas claras que requieran la autorización de varios responsables antes de aprobar transferencias millonarias.
  5. Cultura de confianza: permitir que los empleados puedan cuestionar órdenes sospechosas sin temor a represalias.

El caso del trabajador de Arup es un recordatorio contundente: la inteligencia artificial no solo crea oportunidades, también abre la puerta a riesgos sin precedentes. En un mundo donde ya no podemos confiar únicamente en lo que vemos y escuchamos, las empresas deben combinar tecnología, protocolos y cultura corporativa para protegerse.

La lección es clara: la seguridad en la era de la IA requiere desconfiar de lo “demasiado perfecto” y verificar dos veces antes de actuar.

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Escrito por
Geek